red yellow blue

jean arp, werner berges, jakob bill, lanfranco bombelli, beppe bonetti, joan brossa, mary callery, rafael canogar, tom carr, hannah collins, ivan chermayeff, marcel duchamp, xavi déu, adolfo estrada, peter fillingham, dario grossi, richard hamilton, marine hugonnier, alfredo jaar, jasper johns, r.b. kitaj, sol lewitt, richard-paul lohse, joan miró, françois morellet, bruno munari, carlos pazos, perejaume, jaume plensa, dieter roth, francesc ruiz abad, giuseppe santomaso, albert serra, antoni tàpies, rosa tharrats, jordi vayreda, lluís ventós, laura white

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los colores primarios son casi como los números primos de nuestra experiencia visual y vital.

si la sangre no fuera roja como lo es, si el fluido esencial del cuerpo y de la vida no tuviera este color, ¿podríamos considerar el rojo un color primario? digámoslo de otro modo: si el cielo no fuera azul como lo es, y si los charcos que extrañan la bóveda celeste de los océanos no fueran azules, con toda la gradación que corresponda a la hondura marina y a la incidencia de la luz sobre la piel del agua, ¿qué diríamos de este color? ¿osaríamos pregonar de él la condición primaria?

¿y qué sucedería si el fuego nos apareciese con un color diferente del amarillo? o si la tierra sembrada no estallara, meses más tarde de haber hecho llover pacientemente las semillas sobre ella, en el rubio nutricio (la espiga altiva y orgullosa del trigo, la más servil y gacha de la cebada)?

estos tres colores son primarios —primeros y primigenios— porque, antes que los otros, ellos ya se complacían en motear el mundo con sus sombras festivas. antes de las aleaciones entre colores, esos tres ya pretenderían emular la desnudez del blanco. pensemos en la mirada proyectada en lontananza, que se pinta toda de azul: montes que azulean, el ánimo que, como dice la lengua inglesa, se siente asimismo azul.

consideremos lo encarnado de tantos frutos deleitosos, que nos sacian, primero, la mirada, y después, la sed: la cereza y los arándanos, la sandía y la fresa. rojos y, muchos de ellos, con una vaga forma de corazón.

figurémonos una luz que no dependiera del sol, y que, así, se nos mostrara aun con un amarillo desteñido, lácteo, cual la luz enfermiza de una mañana nublada. ese mismo amarillo irreductible de la luz que avala y procura la claridad de nuestra consciencia.

 

y qué sería del arte de jasper johns sin esta tríada de colores ?

 

cesca castellví llavina

exposición del 10 de agosto al 13 de septiembre del 2020

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