Galería Cadaqués Galería Cadaqués

black & white

El blanco y el negro no son extremos de ningún universo. El blanco no es lo opuesto al negro, ni es este adversario del otro. No es el blanco la suma fundida de todos los colores. Ni el negro, el aniquilamiento de todos los colores. No hay matices, ni gradaciones, ni escalas entre blanco y negro, porque ambos son colores, colores distintos, como también lo son el ocre y el magenta, el siena de la teja y el pardo del humus del bosque, el carmín de la cereza y el gris rata, el amarillo reseco de los líquenes y el azul de lo imposible, el sanguina y el turquesa.

Las piezas del ajedrez, en vez de blancas y negras, bien podrían haber sido rojas y verdes, como la bandera portuguesa. El color de la sombra que proyecta una pieza blanca es exactamente igual que el color de la sombra que proyecta una negra.

Si el lila es el color de algunas ciruelas, el blanco lo es del cielo amortajado por las nubes. Si el dorado es el color de la paja quemada de las mieses, el negro es más bien el color de la explanada celeste antes de que se llene de luciérnagas y antes, también, de que Juan Larrea publicara sus secretos.

El blanco y el negro son colores, pero, son, ciertamente, dos colores esenciales que se han alternado, al cabo del tiempo, la representación simbólica del luto. Aunque en realidad, ¿son realmente colores, el blanco y el negro?

¿Por qué el blanco debería representar mejor que ningún otro color el silencio? ¿No haría también lo propio el negro? ¿Por qué el negro se lleva por entero la representación pictórica de la noche? ¿No existen, también, las noches blancas que, a menudo, son las que más vamos a recordar?

Quién sabe por qué, solemos pensar en un color oscuro al hacer referencia al fondo de las cosas. Y en uno claro, en cambio, cuando nos figuramos la manifestación de la luz. En la exposición que se despliega delante de usted, lo claro y lo oscuro son las únicas guías de un itinerario ecléctico por el fondo y por la forma de la historia de la Galeria Cadaqués —desde el arte concreto al conceptual, pasando por la nueva figuración, el pop art y la fotografía—. Un viaje radical que aspira a volver a los orígenes de la galería al mismo tiempo que a des-cubrir muestras de algunos de los artistas más deslumbrantes de los últimos tiempos.

Joan Brossa, en sus Poemes de seny i cabell, dejó escritos estos versos, que hemos traducido del catalán:

Bote de pintura blanca.

Un campamento de yeseros en el Polo.

Bote de pintura negra.

Un negro robando carbón

en una sima.

¿Por qué el blanco y el negro deberían ser colores que tensen el arco iris —uno, a un lado; el otro, en el lado opuesto—, como los cimientos encarados de un puente entre los que está el ojo de arco apuntado que da paso al agua corriente o a la sequía aplastante? ¿No refleja el agua del río igual de nítida y armónicamente la nube oscura, de un negro amenazador, que hace un momento era apenas color castaño oscuro con ribetes encarnados, y aquella luna admirablemente blanca que, cuando empezó a alzarse por encima de los tejados de Florencia, era de un color naranja mate y que parece que haya cumplido un proceso de maduración inverso?

El blanco y el negro no son extremos de ningún universo. Son la celebración abstracta y perfecta de los colores en los que se abreva el ojo humano.

Cesca Castellví Llavina

exposición del 10 de agosto al 15 de septiembre del 2019

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